Ximena Aguilar creció en un entorno familiar de alcoholismo, violencia y falta de paz. Desde joven inició el consumo de alcohol, que con el tiempo se volvió un hábito constante, afectando su salud emocional y mental. Vivió insomnio, pesadillas y pensamientos de desesperanza en medio de un hogar inestable y con dificultades económicas.
Al conocer de la iglesia Universal, inició un proceso de transformación que le devolvió la paz y la estabilidad. Hoy su vida refleja restauración y esperanza familiar.
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