La tensión en el Medio Oriente ha entrado en una nueva fase marcada por un aumento en enfrentamientos directos e indirectos entre potencias regionales e internacionales. La creciente rivalidad entre Estados Unidos, Israel e Irán ha elevado la preocupación mundial ante el riesgo de un conflicto más amplio.
Además, grupos aliados en la región, como Hezbolá, han incrementado su participación en distintos frentes. Analistas advierten que esta etapa podría redefinir el equilibrio político y militar en la zona, afectando la estabilidad regional, la economía global y las rutas energéticas estratégicas.
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